Sé que puede sonar raro o exagerado, pero podría decirse que vivo en una cárcel.

Mi cuerpo es una cárcel que me tiene atrapado, y las circunstancias en las que vivo se erigen en otro muro que me constriñe.

Estoy atrapado en una doble cárcel.

No es fácil para mí salir al exterior; no siempre tengo a mi alcance a la persona que me ayude para ello y físicamente me fatigo tanto que ahora mismo sólo me puedo permitir salir en verano dos días por semana.

En invierno, por el frío, mucho menos. A todo esto le tenemos que sumar que vivo en un sitio tan pequeño en el que resulta complicado encontrar lugares donde conocer gente.

A lo largo de los años he tenido que escuchar muchas tonterías acerca de este asunto.

La gente, para protegerse, para no pensar, se inventa disparates: que no me gusta salir, que no me gusta relacionarme con los demás, que soy muy tímido…

Siempre es más fácil recurrir a las falacias que tener que pensar cómo puede ser para algunos la cruda realidad.

taza de café con José Antonio Fortuny

Me considero una persona bastante sociable y me gusta conocer gente. Por supuesto que no caigo bien a todo el mundo y no todas las personas me caen bien a mí.

No es que necesite ver gente cada día ni mucho menos, pero en ocasiones echo de menos tener más y mejores relaciones para compartir y seguir aprendiendo.

Aunque sea escritor, no soy de aquéllos que prefieren los libros a la gente. Ni mucho menos.

Confieso que en este tema ya soy bastante escéptico, es verdad. He luchado mucho para infligirle grietas a este muro, pero por las experiencias que tenido he llegado a la conclusión de que es muy complicado competir con tantos estímulos y ocupaciones que tienen los demás: las novias o novios, los hijos… que van quitando tiempo a quienes eran mis amigos, hasta que dejan de venir a verte.

Quizá por eso las amistades que más me han durado y con las que mejor me encuentro son gente mayor, con una mayor estabilidad en su vida.

más allá del muro

Una vez le dije a una amiga algo que le sobrecogió: “No hay espacio para mí en esta vida, me siento cada vez más al margen del mundo que gira hacia una dirección y yo en otra”.

Así es como me siento, ciertamente, aunque procuro no perder del todo ese hilo de esperanza.

Me resulta descorazonador el mundo de las nuevas tecnologías y Facebook. Pensar que mucha gente cree que esto sustituye el contacto humano, las relaciones personales, me causa pavor.

Recuerdo una vez que era mi cumpleaños y recibí más de 100 “me gusta” en Facebook. Desactivé en seguida la opción de hacer visible la fecha de mi cumpleaños. Si de estas personas sólo 10 hubieran sido amigos de verdad, de carne y hueso, 10 personas a las que ver ocasionalmente… sin duda mi vida sería mucho mejor.

Para mí no hay nada que pueda sustituir el ver un rostro humano, una sonrisa, una mirada… No hay nada que pueda superar hacer reír a alguien y escuchar su voz.

mundo de José Antonio Fortuny

Mi mundo físicamente es tan pequeño…

También pienso que, ya que están ahí, se le tiene que buscar el lado positivo a los medios sociales y a Internet. Esta sección pretende experimentar y ahondar en eso.

Pretendo entrevistar a gente que me haya llamado la atención por algún motivo: por su profesión, por las cosas que escribe… Son encuentros cara a cara, como creo que deberían de ser los verdaderos encuentros entre los seres humanos, conversando alrededor de una taza de café.

Pero con estas entrevistas no sólo busco conocer mejor a esa persona, sino también tratar de reflejar sus impresiones, sus sensaciones al conocerme por primera vez. Puede ser divertido. Y espero que enriquecedor también para ella.

En definitiva, quiero que me diga lo que se siente al haber cruzado el umbral, al traspasar, aunque sea momentáneamente, este muro…

¿Me acompañas?

encuentros José Antonio Fortuny