El título de una de las últimas novelas de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte, encajaría a la perfección con lo que sentí hace unos días, cuando después de muchos años que llevamos conociéndonos desde la distancia, escribiéndonos, Rosa Montero y yo nos conocimos en persona.

Hace más de 10 años que nos conocemos, por una de estas casualidades de la vida. Nos habíamos leído mutuamente y entre ambos surgió una chispa de afinidad. A mí me encantan sus libros, me gustó especialmente “La loca de la casa”, un libro que mezcla realidad y ficción y que habla mucho del proceso creativo. Cuando escribí mi primer libro, “Diálogos con Axel”, se lo hice llegar, y Rosa Montero no sólo lo leyó y le gustó, sino que decidió escribir este artículo para el periódico “El País”:

http://www.menorcaweb.net/jafortuny/critica.htm

Rosa me ha mencionado en varios artículos. A raíz de mi segundo libro, que también le gustó, me quiso hacer esa magnífica tira promocional que acompaña el libro, y que sinceramente creo que refleja muy bien el contenido del mismo “Una farsa negrísima, angustiosamente divertida, inteligente y muy actual”.

Así pues durante estos años siempre hemos mantenido el contacto. Ella siempre se ha mostrado amable y muy generosa conmigo. Además, escribió este excelente artículo:

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/25/actualidad/1343212344_667763.html

 

En este último libro suyo que mencionaba, “La ridícula idea de no volver a verte”, ella deja fluir sus sentimientos ante la pérdida de su compañero. De alguna manera entiendo bastante bien el proceso de duelo que ha tenido que llevar a cabo, ya que esta pérdida, este sufrimiento, lo tengo que afrontar diariamente ante la pérdida de mis facultades físicas.

Hace semanas, por fin, Rosa Montero vino a Menorca. Era mi oportunidad de poder saludarla en persona. Sabía que difícilmente volvería a verla, que no se presentarían muchas más ocasiones como ésta.

 

Ella disponía de muy poco tiempo, su agenda iba muy repleta ya que vino a impartir un taller literario. Fue complicado llegar a la casa de campo donde ella daba las clases. Un camino diabólico en muy mal estado, que me produjo un ostentoso chinchón en la cabeza. Pero valió la pena.

La imagen que me había hecho de Rosa Montero se mostró en realidad bastante exacta. Una persona amable, cercana, con una prodigiosa capacidad de comunicación. Físicamente, me llamó mucho la atención las zapatillas deportivas que llevaba. Vestía de un modo desenfadado, pero con muy buen gusto. No me besó porque estaba resfriada, lástima…

Hablamos un rato, intercambiamos unas palabras entre el gentío. Sabía que probablemente no nos volveríamos a ver nunca más, para mí la ridícula idea de no volver a verte en modo alguno era ridícula, sino muy real. Así que, iluminados por ese maravilloso día y paisaje que nos rodeaba, pude, mirándola a los ojos, darle las gracias a Rosa Montero por todos esos años de amistad.

Un día muy emotivo para mí.