
En los salones opulentos de las cortes europeas del siglo XVIII, la exquisitez de la mesa era una expresión directa del poder y la riqueza de la aristocracia. Mientras que las lujosas cenas en palacios como Versalles ofrecían un festín para los sentidos, lo que comían en el XVIII las clases bajas contaba una historia completamente diferente.
Este contraste gastronómico, arraigado en las divisiones sociales de la época, pinta un vívido retrato de las disparidades alimenticias entre las altas esferas y el pueblo.
Desde los humildes platos de puchero que nutrían las mesas modestas hasta los extravagantes banquetes que adornaban los salones reales, la divergencia en las experiencias culinarias en el siglo XVIII refleja no solo una brecha económica, sino también un distintivo cultural que dejó una marca indeleble en la historia gastronómica de Europa.
¿Cómo era la dieta de las clases bajas en el siglo XVIII?
En las humildes moradas de las clases bajas, la dieta cotidiana estaba marcada por la simplicidad y la utilidad práctica. Los platos eran diseñados con ingredientes básicos y económicos que estaban al alcance de la mayoría, reflejando la necesidad de maximizar los recursos limitados.
El alimento básico de las clases bajas en el siglo XVIII, especialmente en Europa, era el pan. Se consumía en grandes cantidades y era la principal fuente de calorías y nutrientes. El pan negro era el más consumido, y se elaboraba con harina de centeno, cebada o mijo.
El pan blanco era el más caro, y se consideraba un alimento de lujo.
Además del pan, las clases bajas también consumían otros alimentos básicos como el mijo, la cebada, las legumbres, las verduras y las frutas. La carne y el pescado eran mucho más caros y se consumían con menos frecuencia. Algunos ejemplos de platos que preparaban las clases bajas:
- Sopa de Guisantes y Pan Negro: Las legumbres aportaban proteínas necesarias, mientras que el pan negro, más asequible que las variedades blancas, se convertía en la base de muchas comidas. Esta sopa sencilla, pero reconfortante, era una fuente esencial de energía para la gente común.
- Estofado de Raíces de Invierno: En la estación fría, las raíces de invierno como zanahorias, nabos y chirivías eran protagonistas en los estofados del pueblo. Cocidos lentamente con hierbas locales, estos platos aprovechaban los ingredientes disponibles en la temporada, ofreciendo una opción económica y nutritiva.
- Pudding de Avena: El pudding de avena era un postre común entre la gente del pueblo. La avena, abundante y económica, se mezclaba con leche y azúcar, y luego se cocía lentamente. Este pudín sencillo pero reconfortante representaba la creatividad culinaria de las clases trabajadoras, utilizando ingredientes básicos para crear delicias modestas.
Si dividimos por países, algunos de los platos que comían en el siglo XVIII eran:
En Francia:
- Puchero o Pot-au-feu: Un guiso simple de carne (a menudo cortes menos nobles), verduras y legumbres cocidos a fuego lento. Este plato era una comida común y económica.
- Sopas y Estofados: Las sopas y estofados hechos con ingredientes básicos como cebollas, zanahorias, papas y legumbres eran comunes en la dieta diaria.
- Bouillie: Una especie de gachas o papilla hecha con granos, como la avena o la cebada, cocidos en agua o leche. A veces, se le añadían frutas o miel para mejorar el sabor.
En Inglaterra:
- Pudding de Riñón: Un plato hecho con riñones de cordero, harina y grasa. Era una opción económica y abundante que comían en el siglo XVIII.
- Pastel de Pescado: El pescado, especialmente el bacalao, era un alimento importante para las clases bajas. Se preparaban pasteles de pescado con una mezcla de pescado desmenuzado, papas y otros ingredientes asequibles.
- Pottage: Un estofado o guiso hecho con una variedad de ingredientes, como legumbres, verduras y carnes más asequibles.
- Gachas de Avena: Las gachas de avena eran un desayuno común, especialmente entre las clases más bajas. Se cocinaban con agua o leche y se podían endulzar con miel o azúcar, si estaban disponibles.
Estos platos reflejan la disponibilidad de ingredientes económicos y la necesidad de las clases bajas de maximizar los recursos limitados. Las dietas variaban según la región y la disponibilidad local de alimentos, pero en general, las comidas de las clases bajas eran simples y nutritivas, centradas en ingredientes básicos y económicos.
El gran contraste: los Festines en las Cortes
En el otro espectro de la comida del siglo XVIII estaban las cortes, especialmente la deslumbrante corte de Versalles. La comida dejaba de ser simplemente una necesidad nutricional para convertirse en una expresión de estatus y poder. Los chefs competían para impresionar a la nobleza con creaciones culinarias que no solo satisfacían el paladar, sino que también elevaban la experiencia gastronómica a un arte refinado.
Los banquetes en Versalles eran eventos espectaculares, coreografiados con esplendor y refinamiento. Los platos exquisitos, seleccionados con cuidado, se convertían en obras maestras gastronómicas que desafiaban los límites de la imaginación culinaria.
En estos festines regios, la lista de platos lujosos abarcaba desde el Poularde de Bresse Trufée, donde la gallina de Bresse se vestía con trufas, hasta el Ris de Veau aux Champignons et aux Truffes, un deleite de mollejas de ternera acompañadas de champiñones y trufas.
Ingredientes exóticos como trufas y mariscos raros eran comunes, llevando a la mesa sabores y aromas que transportaban a los comensales a tierras lejanas. La presentación artística y las técnicas culinarias refinadas eran parte integral de la experiencia de lo que comían en el siglo XVIII las clases altas, creando un espectáculo para todos los sentidos.
La presentación artística era una parte fundamental de estos banquetes. Los platos se diseñaban no solo para el paladar, sino también para la vista. Mesas adornadas con vajillas finas, elaboradas con meticulosidad y a menudo bañadas en oro, realzaban la experiencia culinaria. Estas delicadas vajillas, junto con la maestría culinaria, transformaban cada comida en un evento artístico, trascendiendo las expectativas y elevando la comida a la categoría de arte.

Algunos ejemplos de Platos de la Corte:
- Coq au Vin al Estilo Rococó: En los salones rococó, el Coq au Vin era más que un simple guiso de pollo. Se convertía en una sinfonía de sabores, donde el vino tinto, las hierbas frescas y los champiñones se combinaban para crear una experiencia culinaria única. La cocina aristocrática del siglo XVIII apreciaba los matices y la complejidad de los sabores, convirtiendo este plato en una obra maestra de la cocina francesa.
- Ananás Glaseado con Especias Orientales: El ananás (planta tropical), símbolo de exotismo en el siglo XVIII, era un invitado bienvenido en los banquetes aristocráticos. Glaseado con una mezcla de especias orientales como la canela y la nuez moscada, el ananás se convertía en una deliciosa explosión de sabores. Esta receta refleja la fascinación de la época por los ingredientes exóticos traídos de tierras lejanas.
- Pato a la Naranja con Salsa de Granadina: En la alta cocina del siglo XVIII, el pato a la naranja se elevaba a nuevas alturas. La carne jugosa se combinaba con una salsa agridulce de naranja y granadina, creando una sinfonía de sabores que deleitaba los paladares aristocráticos. Los ingredientes exóticos eran la clave, haciendo que cada bocado fuera una experiencia sensorial única.
- Aspic de Cailles aux Pistaches: Un aspic de codornices con pistachos. El aspic era una preparación que implicaba gelificar caldos para formar una especie de gelatina que se usaba para envolver carnes y aves.
- Poisson en Bellevue: Pescado en Bellevue, a menudo salmón o trucha, cocido y presentado en una salsa refinada. Este plato que comían en el siglo XVIII resaltaba la calidad del pescado y la habilidad culinaria en la presentación.
- Nougat Glacé: Este postre helado, elaborado con almendras, miel y claras de huevo, podía haber sido una opción de postre refinado.
Especias y Viajes: El Giro Global de la Cocina del siglo XVIII
En el siglo XVIII, el intercambio global de especias desató una revolución en la cocina, transformando los sabores familiares y llevando los paladares a nuevos horizontes. Las exploraciones globales no solo trajeron nuevas tierras al mapa, sino también una explosión de sabores que cambiaría para siempre la forma en que se experimentaba la comida.
- Nuez Moscada: Proveniente de las remotas islas de las Molucas, la nuez moscada se convirtió en un tesoro culinario durante el siglo XVIII. Su sabor cálido y ligeramente dulce se incorporó a una variedad de platos, desde salsas hasta postres. ¡Imagina el asombro en la mesa al probar este nuevo y exótico ingrediente que llegaba de las lejanas islas de las especias!
- Pimienta de Jamaica: Aunque su nombre pueda sugerir otra procedencia, la pimienta de Jamaica es originaria de América Central. Su sabor a mezcla de canela, nuez moscada y clavo la convirtió en una especia codiciada. Durante el siglo XVIII, la pimienta de Jamaica se incorporó a marinadas, guisos y postres, agregando una nota tropical a las cocinas europeas.
- Curry: Las exploraciones globales también introdujeron el curry en la cocina occidental. Este sabroso y aromático condimento, originario de la India, se convirtió en un elemento esencial en los platos de la alta sociedad.
Estas especias exóticas trajeron consigo no solo nuevos sabores, sino también la noción de la globalización en la cocina. El giro global de la gastronomía del siglo XVIII nos recuerda que, incluso en épocas pasadas, las fronteras geográficas se desdibujaban en la mesa, creando una experiencia culinaria rica y diversa.
¿Y cuáles eran las bebidas más frecuentes en el siglo XVIII?
Nuestros antepasados del siglo XVIII no sólo comían, también tenían la misma manía que nosotros de beber. ¿Y que bebían, aparte de agua? Bien, en el pueblo o clases bajas lo que más se consumía era:
- Cerveza y sidra: Estas bebidas alcohólicas eran la fuente principal de calorías y líquidos para la mayoría de la gente en Europa. Eran relativamente baratas y ampliamente disponibles, y se consumían en todas las clases sociales.
- Gin: Durante la primera mitad del siglo XVIII, hubo una gran afición por el gin en Inglaterra, especialmente entre las clases bajas. Esto se debía a su precio relativamente bajo y su fuerte sabor, que ayudaba a enmascarar el mal sabor del agua.
- Té: El té se introdujo en Europa en el siglo XVII y se hizo cada vez más popular en el siglo XVIII. Era una bebida de lujo que se consumía principalmente por las clases altas, pero gradualmente se hizo más asequible y se extendió a las clases medias y bajas.
En las cortes del siglo XVIII, las bebidas más populares eran las que se consideraban sofisticadas y refinadas, y que reflejaban el estatus social de sus consumidores. Estas bebidas incluían:
- Chocolate: El chocolate caliente era una bebida muy popular en las cortes europeas, especialmente entre las mujeres. Se consideraba un afrodisíaco y se asociaba con la riqueza y la sofisticación.
- Té: El té llegó a Europa desde China en el siglo XVII y rápidamente se convirtió en una bebida popular entre las clases altas. Se consideraba un estimulante y se asociaba con la cultura y la educación.
- Café: El café también se introdujo en Europa desde el Medio Oriente en el siglo XVII y rápidamente ganó popularidad entre las clases altas. Se consideraba un estimulante mental y se asociaba con el comercio y la actividad intelectual.
- Vino: El vino era una bebida muy común en las cortes europeas, especialmente en Francia, donde se producía una gran cantidad de vino de alta calidad. Se consideraba una bebida refinada y se servía con las comidas.
- Licores: Los licores como el brandy, el coñac y el jerez eran bebidas alcohólicas populares en las cortes europeas. Se servían como digestivos después de las comidas y también se usaban en cócteles y postres.
Además de estas bebidas principales, en la corte también se consumían otras bebidas como cerveza, sidra y agua tónica. Sin embargo, estas bebidas se consideraban menos sofisticadas y se consumían principalmente por las clases más bajas.
Es importante tener en cuenta que las preferencias en cuanto a bebidas variaban entre las diferentes cortes europeas. Por ejemplo, el chocolate era más popular en las cortes españolas e italianas, mientras que el té era más popular en las cortes inglesas y francesas.
Conclusiones sobre lo que comían y bebían en el siglo XVIII:
En el recorrido a través de las mesas del siglo XVIII, desde los hogares modestos hasta las opulentas cortes, emerge un panorama diverso y revelador de las experiencias culinarias de la época. El contraste entre la sencillez de la dieta de las clases bajas y la extravagancia de los festines cortesanos ofrece una visión única de las complejidades sociales y económicas que caracterizaron ese período histórico.
En las cocinas cotidianas, la cocina simple y económica no solo era una respuesta a la escasez de recursos, sino también un testimonio de la ingeniosidad culinaria que permitía a las clases bajas superar las limitaciones impuestas por las circunstancias. Platos como el puchero y las sopas eran más que simples manjares; eran manifestaciones de la resiliencia y la adaptabilidad de aquellos que debían enfrentarse a la realidad de la vida diaria.
Por otro lado, en las cortes, la comida trascendía la mera nutrición para convertirse en una expresión de poder y estatus. Los festines deslumbrantes, con platos como el Poularde de Bresse Trufée y el Ris de Veau aux Champignons et aux Truffes, eran un recordatorio tangible de las divisiones sociales. La presentación artística y las vajillas finas no eran simples adornos, sino declaraciones visuales de la supremacía de la aristocracia.
En última instancia, el siglo XVIII dejó un legado culinario que va más allá de las recetas y los ingredientes. La comida de la época se convirtió en un medio a través del cual se narraban historias de desigualdad, resiliencia y expresión de estatus. Desde los modestos hogares hasta las suntuosas cortes, la comida en el siglo XVIII se erige como un testamento de las complejidades de una sociedad dividida.
Espero que este artículo sobre lo que bebían y comían en el siglo XVIII os haya resultado interesante.
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